123. La Batalla en la Montaña del aquelarre del hielo.
Después de escuchar el sonido de la puerta al cerrarse, todo el lugar se sumió en un silencio aterrador; apenas podía escucharse las respiraciones aceleradas de los vampiros dentro de la sala, los llantos de un par de niños.
Franco se volvió hacia el transformista que estaba cerca de nosotros.
— ¿Tienen alguna salida de emergencia? — le preguntó — . He leído que todos los aquelarres tienen una salida de emergencia.
Pero el vampiro negó.
— Nosotros no. Lo teníamos, pero la cerramos hace mucho. No lo necesitábamos; nunca nos atacaron.
No tenemos más alternativas.
— Franco, hay que enfrentarnos a Calipso. Tú le arrancaste una mano, ¿verdad? — me preguntó.
El joven lobo Santiago ya se había recuperado por completo; se había puesto de pie y estaba frente a mí, como protegiéndome, por la misión que le había dado su Alfa: la de protegerme.
— Lo hice — les comenté a Franco — , pero fue en un momento de descuido, cuando me transformé. Él no sabía que iba a pasar; de hecho, yo ni siquier