101. La persecución.

De un fuerte aleteo, el Rey Cuervo desapareció por el horizonte, dejando una brisa cálida que despeinó el cabello del vampiro. Franco lo tomó por los hombros y lo hizo levantarse. Pero ninguno corrió.

— ¿ya podemos irnos? — dijo Franco.

— No podemos irnos sin Isabel, sin la muestra del suero inhibidor. Tenemos que regresar.

— No podemos regresar ahí. Te lo dije — dijo el vampiro — Ya viste lo que puede hacer. Va a ir por el aquelarre. Va a ir por las trillizas. Tenemos que ir a advertirles.

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