Conduje durante treinta minutos pensando en qué estaría pasando con Misha, ¿qué habría hablado con aquel hombre? ¿Por qué no querría decirme que estaba investigando? Las dudas no me dejaban en paz, entendía su enojo, pero nos habíamos prometido ser mejores y por lo visto los dos fallamos miserablemente.
Estacioné el coche frente a un viejo bar apartado, uno de los pocos abiertos las veinticuatro horas. Al entrar, el humo denso de cigarrillos me rodeó. Hice gestos a una de las camareras para que