-No, no, esto no puede estar pasando- las palabras resonaban en el aire cargadas de desesperación y angustia, mientras David, con gesto desencajado, arremetía contra el escritorio, lanzando al suelo objetos que parecían estallar en mil pedazos junto con sus emociones desbordadas. Un grito de incredulidad escapaba de sus labios, como un lamento agudo que buscaba liberar la rabia y la impotencia que lo consumían por dentro.
-Calma David, en este momento no podemos perder la cabeza- Nicholas, con