Por la mañana Jack sale de la cama con cuidado de no despertar a Luna, pide servicio al cuarto, se mete a la ducha. Para cuando sale, su mujer está sentada en la cama mirando un punto invisible en el blanco edredón, él se acerca a ella y se sienta a su lado mientras se seca el cabello.
—¿Estás bien, mi amor? —ella asiente con una sonrisa débil y Jack la abraza—. Mentirosa. Pedí el desayuno, debería estar por llegar, ¿vas a ducharte ahora o luego?
—Mejor ahora —sale de la cama y Jack no duda en