Tres hermosos y caóticos meses habían pasado desde que Helina había llegado a la vida de Jack y Luna, tiempo suficiente para ponerlos de cabeza, pero nada que un niño no haga la vida de sus padres.
En el segundo piso, en uno de los cuartos de la casa, Luna se mira al espejo y siente como si estuviese en un sueño. Bernadette le ofreció amablemente su vestido de novia, el que pensó guardar para sus hijas, pero como no las tuvo, las tenía para sus nueras. Sin embargo, Luna se merecía muchísimo más