—Pat, hora de comer, amor —anunció Clarisse y el niño llegó corriendo. Luego ella miró al hombre frente a ella—. ¿Te quedarás a comer?
—¿Me invitas a cenar con ustedes? —dudó el pelinegro.
—Sí no quieres, puedes irte y desaparecer por otra semana —atacó la chica.
—Oh, la tía Clarisse está enojada —dijo Pat, con una cara chistosa—. ¿Qué le hiciste?
—Sí, Soren. ¿Qué hiciste? —siguió ella con una sonrisa maliciosa.
—Cometí un error al no hablar con tu tía. ¿Crees que puedas ayudarme que ya no esté