—¿Te gusta pintar? —le preguntó el niño a Soren con una mirada inocente.
El pelinegro estaba tan sumergido en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando el niño se le acercó.
—A veces… —respondió, amablemente.
—¿Quieres pintar conmigo? —le ofreció, pero antes de que Soren pudiese responder ya el pequeño estaba tirando de su mano para llevarlo con él—. Ven, pintemos. Estoy haciendo a mi familia, ¿ves?
Levantó la hoja y la colocó frente a él animadamente esperando que lo tomara, lo cual el much