Los golpes presurosos en la puerta terminaron despertándolo, se notaba que quien tocaba tenía mucha prisa por hacer que Soren saliera de la cama. El pelinegro había regresado a muy altas horas de la noche de casa de Clarisse y fue directo a la cama.
—Adelante —murmuró, somnoliento y sin molestarse en abrir los ojos.
—¡Es hora de despertar, Solecito! ¡A brillar en una mañana tan hermosa cómo esta! —dijo Patrice, eufóricamente.
Soren solamente soltó un gruñido de molestia con el rostro enterrado