—¡Hola a todos! —saludó Clarisse muy eufórica.
—Hola, Sirenita. ¿Cómo estás? —saludó su padre a través de la pantalla.
—Estoy bien bastante bien, papá —respondió, sonriente.
—¿Segura? He estado al pendiente del reporte del clima en Seattle y la presión ha disminuido bastante y las precipitaciones son constantes —señaló el hombre de cabello oscuro y ojos azules.
—No te preocupes. Eso es algo bastante normal en esta ciudad. Creo que por eso la llaman la Ciudad de los Vientos… o algo así —rio al d