La mansión de Sergei Lugo se había transformado en una zona de guerra por el enfrentamiento. Varios cuerpos yacían tendidos en el suelo y sobre grandes charcos de sangre. Las decoraciones conformadas por esculturas, cuadros y jarrones se despedazaban con cada impacto que recibían.
Con el tiempo Soren se quedó sin municiones propias y empezó a tomar las armas de sus contrincantes mientras que el sujeto que por alguna extraña razón lo estaba ayudando, no se le despegaba.
—¡Abajo! —le gritó el tri