Clarisse observó detenidamente a su novio que caminaba de un lado al otro con el teléfono pegado a un lado de la cabeza. Lucía demasiado sumergido en la conversación que estaba teniendo cómo para prestarle atención a Cisco, que desde hace rato estaba frente a él con la pelota en la boca. El perro seguía pasando su patita por encima del pie de su dueño para que le hiciera caso, aunque fuera una vez, pero Soren no dejaba de hablar por ese aparato.
Sin embargo, para sorpresa de la mujer y del perr