—Soren —lo nombró Glen, que se acercó con dos vasos de whisky.
—¿Está todo bien, Glen?
—Por supuesto, todo está de maravilla —le entregó un vaso al pelinegro y después se enfocó en apreciar la fabulosa vista que ofrecían los terrenos circundantes de la mansión—. ¡Wow! ¡Que vista tan impresionante, muchacho! Es increíble que un joven de tu edad ya sea capaz de tener esta clase de vida.
—Bueno, estoy más cerca de los treinta que los veinte, Glen —bromeó Soren.
El mayor se carcajeó por la broma.
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