Cuando llegaron al hospital, todo fue un caos controlado. Los paramédicos ya estaban esperando en la entrada, y en cuestión de segundos, Nicolás fue trasladado a una camilla y llevado directamente a quirófano. Dominik apenas tuvo tiempo de verlo desaparecer detrás de las puertas dobles antes de que estas se cerraran con un golpe seco que resonó en su pecho.
Se quedó allí, de pie en medio del pasillo, con las manos manchadas de sangre y la mirada fija en la puerta que separaba a su sobrino de la