La respiración de ambos comenzaba a normalizarse después del primer encuentro. Samantha yacía sobre el pecho de Dominik, sintiendo el latido de su corazón que aún se aceleraba bajo su mejilla. Sus dedos trazaban círculos distraídos sobre la piel sudada de su torso, y el silencio entre ellos era cómodo, cargado de la satisfacción del momento.
Dominik tenía un brazo rodeando su cintura, sus dedos moviéndose perezosamente sobre la curva de su espalda. Estaba en ese estado de somnolencia placentera