Habían pasado varias semanas desde el juicio. El caos mediático comenzaba a desvanecerse, y la vida de los Adler poco a poco recuperaba cierta normalidad. Aunque, claro, "normalidad" era un término relativo cuando se trataba de esa familia.
Kathya estaba sentada en la terraza de un café en el centro de Moscú, con un café con leche en la mano y la mirada perdida en el horizonte. Llevaba un vestido corto de color negro que dejaba ver sus piernas bronceadas, y el cabello suelto cayendo sobre sus h