Azael estaba allí, de pie a unos metros de distancia, con la mirada fija en las llamas que consumían el almacén. Había llegado esa misma tarde de su viaje, después de su competencia de natación. Samantha le había contado lo que estaba pasando, y él no había dudado en acompañarla.
Ahora, veía lo que quedaba del almacén. Veía el humo, las llamas, los escombros.
Y entonces, vio el cuerpo.
Los bomberos ya estaban comenzando a trabajar, y algunos de ellos sacaban los restos del interior. Uno de ello