El auto de Dominik frenó con brusquedad frente al almacén abandonado. El chirrido de los neumáticos sobre el asfalto mojado rompió el silencio de la noche, y antes de que el motor se apagara por completo, Dominik ya estaba fuera, la mirada fija en la entrada del edificio.
Pero no estaba solo.
Marcus y Leonid habían llegado al mismo tiempo, acompañados de unos 5 hombres armados que rodearon el almacén con movimientos rápidos y silenciosos. No había necesidad de palabras. Cada uno sabía lo que te