Capítulo 97 —Etica
Narrador:
Luego de comer, caminaron hasta la piscina. La luna pintaba el agua con reflejos plateados y el aire olía a verano. Se dejaron caer en las reposeras, dejando sus móviles en la mesa que los separaba, ella estirando las piernas y él reclinándose con una calma que era pura apariencia, porque sus ojos no se apartaban de ella ni un segundo. Cleo sintió esa mirada fija, directa, que la desnudaba más que cualquier mano, y ladeó la cabeza.
—¿Por qué me miras así? —preguntó