Capítulo 36 —Un respiro
Narrador:
Nerón tomó la carta de vinos como si fuera un manuscrito sagrado. Pasó los dedos por el borde, sin apuro, como si el tiempo le perteneciera. Cleo lo observaba desde el otro lado de la mesa, sin saber qué diablos hacía ahí. Tenía los hombros tensos, las manos sobre las piernas y el corazón atrapado en un ritmo incómodo. El silencio entre ellos pesaba, denso, incómodo, expectante.
—¿Qué quieres cenar? —preguntó finalmente él, sin alzar la vista.
Ella no respondió