Narra Valeria
La luz de la mañana se filtraba por las cortinas, insistente y brillante, obligándome a despertar. Me incorporé con cuidado en la cama, sintiendo el leve mareo que todavía me acompañaba algunos días. Al estirar la mano, noté el lado de Amado vacío y frío; se había levantado temprano.
Caminé hacia el baño, me di una ducha larga y dejé que el agua caliente relajara mis músculos. Al salir, busqué algo cómodo en el inmenso clóset. Mis ojos se posaron en una de las camisas negras de Ama