Narra Amado
Llegué a casa con el peso de la verdad quemándome el pecho, pero al cruzar el umbral, el aroma a hogar me obligó a fingir calma. Observé a Valeria en la cocina; desde allí tenía una vista perfecta hacia los cuneros en la sala. Fue una de las primeras cosas que ajustamos en la casa: tener cunas en varios puntos para que ella nunca perdiera de vista a los niños mientras hacía sus cosas.
—Hola, pequeños —susurré acercándome a ellos. Tomé a Thiago en mis brazos, sintiendo un nudo en la g