Esa distancia nunca debió existir.
Demasiado cerca.
Tan cerca que sus respiraciones chocaban entre sí, cálidas e inestables en un espacio que se volvía cada vez más estrecho.
—Lady Josselyn… —la voz de Darius fue baja, casi como una súplica de la que él mismo no era consciente.
Josselyn no respondió de inmediato.
Su mano seguía aferrada al brazo del hombre, ya fuera para contenerse… o porque no quería que la soltara.
Sabía lo que estaba ocurriendo. Y sabía… que debía detenerlo.
Pero su cuerpo n