Capítulo 122 —Vayamos a casa
Narrador:
Nerón se quedó solo en su despacho, el eco de las palabras de Lía todavía flotando en su mente. No había espacio para dudas ni para conversaciones inútiles: confrontar a Romina o a Marianne en los pasillos de la universidad era perder el tiempo. Había que cortar de raíz.
Encendió la computadora, redactó un breve documento con la precisión de quien redacta una sentencia, lo imprimió, lo firmó con su pluma y lo colocó dentro de un sobre. Acto seguido se puso el saco, tomó las llaves de su coche y salió rumbo a la universidad. En cuanto llegó, pidió hablar con el decano. Bastó con dar su nombre para que la secretaria se levantara de inmediato y le abriera paso. El decano, al verlo entrar, sonrió con esa mezcla de deferencia y servilismo que reservaba solo para las figuras más influyentes.
—Doctor Valmont —exclamó, poniéndose de pie enseguida —Qué honor tenerlo aquí. No esperaba su visita, pero siempre es un placer.
Nerón avanzó con paso firme hasta e