El eco del primer orgasmo compartido aún vibraba en los rincones del todoterreno empapado. Las respiraciones de ambos eran pesadas, un compás errático que empañaba por completo los cristales, aislando su burbuja de pecado del resto del mundo. El cuerpo de Alissa, laxo y cubierto de una fina capa de sudor y gotas de lluvia que se habían filtrado, descansaba a horcajadas sobre el de Kyler. La calidez de su semen derramándose en su interior la hacía consciente de la gravedad de lo que acababa de o