El aire en la sala de juntas de la firma Bullard era denso, impregnado con el aroma a café caro, perfume de diseñador y la tensión eléctrica que solo el dinero y el poder pueden generar. La reunión con los socios del consorcio internacional había sido un ejercicio de diplomacia corporativa pura; mis respuestas eran precisas, calculadas y frías, como siempre lo habían sido antes de que Kyler Miller entrara en mi vida para desordenarlo todo.
Sentada a la cabecera, con la espalda recta y la mirada