La reunión con Ramón Montiel estaba programada para el lunes a las diez de la mañana en las oficinas centrales de la empresa en Santo Domingo.
Valeria y Mateo llegaron juntos, tomados de la mano. Ella llevaba un vestido azul marino sencillo pero elegante, el cabello suelto y una expresión serena que ocultaba los nervios que sentía por dentro. Mateo vestía camisa negra y pantalones oscuros, con esa presencia tranquila pero firme que siempre lo acompañaba.
Cuando entraron a la sala de juntas del