Valeria se apoyó en el lavabo del baño, respirando con dificultad. El sudor frío le corría por la frente. Mateo estaba detrás de ella, sosteniéndole el cabello con una mano y acariciándole la espalda con la otra.
—¿Otra vez? —preguntó él con voz preocupada—. Ya es la tercera vez esta semana.
Valeria se incorporó lentamente y se miró en el espejo. Estaba pálida. Se enjuagó la boca y se giró hacia Mateo.
—No es una gripe —susurró.
Mateo frunció el ceño, sin entender.
Valeria tomó su mano y la col