Esa misma noche, después de la tormenta, Valeria no pudo dormir. Dio vueltas en la cama durante horas hasta que finalmente se levantó, se puso una chaqueta ligera y salió al porche.
La cabaña 7 estaba a oscuras. Solo se veía una pequeña luz encendida en el baño.
Valeria caminó descalza por el sendero mojado. El suelo estaba frío y húmedo, pero no le importó. Cuando llegó a la puerta de la cabaña, se quedó parada varios minutos sin tocar.
Finalmente levantó la mano y golpeó suavemente.
Mateo abr