Priscila quedó paralizada al ver frente a ella a Aaron Fitzgerald, el hombre miró a todos lados de la oficina.
—¡Aaron! —exclamó ella.
—Hola, Priscila.
—¿Qué hace aquí? —él rio con sarcasmo.
—Es mi empresa, soy el dueño, necesitas alguna otra razón para entender que hago en mi empresa.
—No, ninguna. Sólo que ya estaba recogiendo para, para irme. —Aaron miró su reloj y asintió.
—Bien, veo que estás siendo puntual por lo menos. —vio a todos lados de la oficina y se dirigió hacia la puer