Priscila llegó al día siguiente a la empresa, aunque no había sabido nada de Gari desde el día anterior, intentaba parecer distante e indiferente, seguía enojada por su desplante. Su asistente tocó la puerta, abrió y entró sujetando un lote de carpetas en las manos.
—Buenas tardes Sra Fitzgerald.
—¡Hola, Lilith! ¿Qué es todo esto? —preguntó ella.
—Son documentos que debe firmar —dijo colocando el lote de carpetas sobre el escritorio.
—Pero… no tengo la autorización para hacerlo, Gerald es