Asedio

Las manos de Gari se recrearon en el cuerpo de Priscila, podía sentir la respiración agitada de ella y escuchar sus suaves gemidos al rozar su virilidad contra su pelvis. La emoción y las ganas crecían entre ellos; repentinamente la puerta de la oficina de Priscila sonó, ella quedó paralizada, mientras Gari limpiaba los restos de labial de su rostro y le indicaba a ella donde debía hacerlo.

Rápidamente se separaron, ella fue hasta su escritorio y Gari regresó hasta su asiento.

—¿Sí? —contest
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