Gari le envió un par de mensajes a Priscila, mientras conducía. Necesitaba disculparse con ella por aquel inconveniente inesperado. Justo cuando todo comenzaba a fluir de nuevo entre ellos, justo cuando esperaba verla y poder estar cerca de su hijo, todo se estancaba.
—¿Te pasa algo, Gari? Estás muy callado.
—¡No! Pensando un poco en algunas cosas que debo resolver esta tarde. Por cierto, luego del almuerzo, el chofer vendrá a buscarte —preguntó él.
—Sí, pero pensé que tú me llevarías a casa