Capítulo 38 —El precio del silencio
El sonido pesado de la puerta de la oficina al cerrarse abajo dejó a Gancia tragándose su propio miedo, pero a Dante la sangre le hervía. Subió en el ascensor privado con las pulsaciones aceleradas, la mandíbula todavía rígida por el despliegue de violencia y una necesidad ciega de recuperar el aire limpio que solo ella le daba.
En cuanto las puertas se abrieron en el penthouse, Dante cruzó el salón con zancadas firmes, ignorando el entorno hasta que sus ojos