Annie abrió los ojos mucho más temprano de lo normal. Su cuerpo, desacostumbrado a la rigidez del sofá de la suite del hospital, la obligó a despertar antes de que la primera luz del alba asomara por la ventana.
Durante los primeros segundos, la desorientación la dominó, pero rápidamente la realidad se volcó sobre ella como un balde de agua helada: el accidente, la sangre, la noche de terror. Sin embargo, al girar la cabeza hacia la cama, la tranquilidad regresó a su cuerpo y a su mente de golp