Marcos Winchester tenía la preocupación marcada en cada línea de su rostro. Dejó el informe financiero sobre la mesa del despacho y miró fijamente a su esposa, quien se acomodaba las joyas con una calma ensayada.
—¿Así que estás diciendo que nuestro hijo ya regresó a casa? ¿Que ya le dieron el alta? —preguntó Marcos, con la voz cargada de una tensa gravedad.
Brenda le confirmó con un sutil movimiento de cabeza, cruzándose de brazos con elegancia.
—Así es. Solo dos días ha pasado en la clínica.