Annie no supo en qué momento ni cómo sus dedos temblorosos lograron marcar el número de Christopher de nuevo. Cuando el asistente contestó, ella se había quedado completamente paralizada; las palabras simplemente no le salían. Era un balbuceo ahogado por el pánico, pero Christopher, acostumbrado a lidiar con crisis, a duras penas pudo comprender la situación a través de sus sollozos.
En cuestión de minutos, el asistente llegó al Penthouse y la condujo a toda velocidad hacia el Hospital Central.