Los gritos de Brenda en el pasillo eran inconfundibles. Había llamado la atención de las enfermeras, de los pacientes y seguramente de toda la zona VIP.
Ian, desde su cama de hospital, miró a Annie con urgencia.
—Mi madre seguramente va a hacer todo un desastre —murmuró él, haciendo una leve mueca de dolor al intentar acomodarse—. Deberías decirle a la seguridad que se haga cargo y no la dejen pasar.
Annie lo miró, incrédula.
—¿En serio te atreves a pedirme que haga algo como eso? —susurró, con