Ian avanzó dos pasos, parándose firme en el centro de la sala. Dejó el ramo sobre una mesa de cristal con elegancia y miró directamente a la mujer en la silla de ruedas.
—Señora Sinclair —habló Ian, con una voz profunda, segura y que llenó cada rincón de la inmensa sala—. Me presento oficialmente. Soy Ian Winchester. Y soy el esposo de Annie.
El silencio que siguió a esas palabras fue ensordecedor. Lo primero que hizo Victoria fue abrir los ojos desmesuradamente, como si se hubiera quedado susp