—Señora Sinclair, le ruego que no culpe a Annie —intervino Ian, con una urgencia en la voz que sorprendió a la propia Annie—. Si alguien tiene la responsabilidad de este silencio, soy yo. Su hija la ama tanto, tiene un amor tan profundo por usted, que estuvo dispuesta a todo con tal de asegurar su salud. No se lo contó porque sabía perfectamente que usted se sentiría incómoda, que se negaría a aceptar la ayuda si implicaba alterar su vida de esta manera. Annie solo es una buena persona. Es una