Cuando Annie salió finalmente del penthouse, con el cabello aún húmedo y el corazón latiendo a un ritmo ansioso, sus esperanzas se desvanecieron al instante. Había cruzado los dedos pidiendo al cielo que fuera Christopher quien la estuviera esperando junto al coche, pero el destino tenía otros planes. Apoyado contra la impecable carrocería del vehículo oscuro, con un traje perfectamente entallado y esa presencia que parecía absorber todo el oxígeno del lugar, estaba Ian. Él le abrió la puerta d