Brenda Winchester se dejó caer con elegancia sobre el sofá de cuero blanco, cruzando sus largas piernas con un movimiento calculador. Su mirada, filosa como el cristal roto, se clavó en la nada mientras terminaba de guardar el teléfono celular. El silencio en la inmensa sala de la mansión fue interrumpido por el sonido de los pasos de su marido.
Marcos entró, sirviéndose un trago de whisky sin apenas mirarla.
—¿Te has enterado ya? —soltó Brenda, rompiendo el hielo con una voz impregnada de desd