A la mañana siguiente, la luz del sol iluminó el penthouse, pero no logró disipar las sombras en la mente de Annie. Había decidido tomar la abrumadora conversación de la noche anterior y empujarla hacia el rincón más oscuro de su cabeza, guardándola bajo llave para no pensar demasiado en las posibles consecuencias. No la había olvidado, por supuesto; el pánico seguía allí, latente. Un embarazo era una idea impensable, un escenario que ella tampoco deseaba bajo ninguna circunstancia. Traer un ni