Annie llevaba horas en el penthouse. Después de regresar de la clínica y comprobar con sus propios ojos la maravillosa mejoría de su madre, se había preparado algo ligero para cenar, aunque apenas había probado bocado. Su mente estaba muy lejos de allí.
Las palabras que Christopher le había dicho en el auto seguían resonando en su cabeza con la fuerza de un eco incesante. No funcionaban como una gran revelación —después de todo, ella sabía perfectamente que Ian estaba cubriendo los astronómicos