Cuando el sol llegó de nuevo invadiendo el Penthouse esa próxima mañana, la división que había existido en los últimos días entre Ian y Annie se había esfumado; ya no existían las miradas furtivas ni evasivas llenas de frialdad, en lugar de eso había paz, una paz que se sentía increíble y que ambos respiraban.
Cuando Annie salió hacia el comedor, encontró a Ian ya vestido con un impecable traje azul marino. Estaba revisando su tableta con el ceño fruncido, pero al escuchar sus pasos, levantó la