Ian Winchester observó a través de aquel enorme ventanal, la vista era increíble, pero él volvía estar raptado por pensamientos que lo alejaban de disfrutar las pequeñas cosas.
Aquel apartamento de tres pisos era una obra maestra de la arquitectura moderna: mármol negro, cuero italiano y acero pulido. Costaba una fortuna ridícula, pero para Ian, no era más que una caja fuerte donde guardaba lo poco que quedaba de sí mismo.
El roce de las sábanas de seda a sus espaldas le advirtió que no esta