El salón estaba lleno de personas que pertenecían a la alta sociedad. Bajo las ostentosas lámparas de cristal, cientos de magnates, inversores y celebridades exhibían su poder alzando copas de champán que costaban más que el salario anual de cualquier trabajador promedio.
En medio de aquel océano de trajes de diseñador y joyas deslumbrantes, Annie se movía con una eficiencia silenciosa. A pesar de ser la dueña de la pastelería proveedora, no se había quedado cruzada de brazos. Caminaba entre la