Las dos semanas habían transcurrido en un parpadeo, y la noche de la gran gala benéfica de Winchester finalmente había llegado. El Penthouse estaba sumido en una atmósfera íntima y cálida, un contraste absoluto con la vorágine que esperaba afuera.
Frente al inmenso espejo de la habitación, Ian terminaba de arreglarse. Llevaba un esmoquin negro hecho a medida que se ajustaba a la perfección a sus anchos hombros, dándole un aire de poder e imbatibilidad. Annie, de pie frente a él, se encargaba de