El sonido de los pasos de Marcos Winchester aún resonaba en la mente de Annie mucho después de que el hombre se hubiera marchado. De pie en el silencioso vestíbulo del Penthouse, comenzó a temblar. No era un temblor ligero; era una sacudida profunda que nacía desde los huesos. La adrenalina que la había mantenido firme durante el enfrentamiento se esfumó de golpe, dejando a su paso una debilidad abrumadora y un miedo paralizante.
Caminó a tropezones hacia el sofá y se dejó caer. Su mente era un