El viaje de regreso al Penthouse había sido tranquilo, pero la calma se evaporó en un segundo. Christopher estacionó frente a la entrada y, justo cuando Annie se despedía y el auto comenzaba a alejarse, una voz gélida cortó el aire como un bisturí.
—Sé que sabes quién soy, Annie. Sé que reconoces mi voz. Hablemos. Tenemos que hablar.
Annie se giró lentamente. A pocos pasos, envuelto en una sombra de autoridad que parecía absorber la luz del atardecer, estaba Marcos Winchester. Su sola presenci